Momentos estelares

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Estamos de exámenes. Se inventaron una semana en medio de noviembre para hacer exámenes parciales. Nada de lo que ocurre aquí tiene sentido. Tuve que hacer un examen de inglés dos días seguidos. Un viernes y un sábado. El primer día pusieron 10 preguntas y el segundo 40 preguntas. Lo que yo me preguntaba era por qué no podían poner todo el mismo día y en el mismo examen. Nadie supo darme una respuesta razonable. Al parecer los turcos aceptan lo que les viene y aceptan a la autoridad como algo incuestionable y a mí eso me saca de quicio.

Pero a veces hay momentos mágicos que te descolocan por completo.

Estaba en clase de video-arte. Los alumnos estaban proyectando sus videos. La clase era en turco, pero el profesor de vez en cuando decía algo en inglés para los erasmus. No importaba demasiado, tenía un turco al lado que me traducía todo lo que iban diciendo. Los videos que se proyectaron fueron lamentables. Auténticas mierdas del tamaño de un piano que si yo fuera el profesor no sólo los suspendería, sino que haría todo lo posible para que los expulsaran de la universidad.

Un alumno hizo un video que trataba de su coche. Decía que el coche era su vida y lo único que grabó fueron planos de su coche  aparcado en una calle cochambrosa. Luego lo conducía y hacía unos cuantos derrapes. Al principio pensé que se trataba de una broma, de una parodia de un bacala turco, pero no, el tío era así en serio y me dieron ganas de vomitar.

En medio de las proyecciones el profesor se levantó y preguntó quién quería un çay o un café. Los alumnos comenzaron a levantar la mano. Yo me pedí un té. Todo el mundo se pidió algo. Éramos unas 15 personas en clase. Entonces se levantó un alumno y volvió enseguida. A los dos minutos apareció una becaria con una bandeja llena de tés y nos lo fue poniendo uno a uno en la mesa. Después nos lo tomamos mientras el profesor ponía más videos.

Me encanta que me ofrezcan té en todos los sitios. Uno de los primeros días en la universidad, estando en secretaría esperando también me ofrecieron un té, o mejor llamarlo çay. Da muy buen rollo que te ofrezca eso en plena espera. Son de ese tipo de cosas que nunca harían en España. Lo que también es increíble es que en las tiendas, cuando vas a comprar, también te ofrezcan bebidas. Una vez entré a mirar muebles y el hombre me sirvió un çay. Otra vez entré a otro sitio y el hombre me ofreció cualquier cosa para tomar. Siempre es gratis, podía pedir Coca-Cola, o agua o té… esas cosas me encantan de Turquía.

En los restaurantes también te ofrecen çay después de las comidas y nunca te los cobran. Es costumbre regalarlo. En España, sin embargo, cobran los cafés a precios abusivos en los restaurantes. De hecho, según me comentó un amigo hostelero, los cafés y los licores al final de las comidas son los productos con los que mayor margen de beneficio obtienen.

Lo gracioso de todo esto es que voy a restaurantes y como por 2 euros y me pongo las botas. Exactamente lo mismo que te cobran por un café en España.

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2 comentarios

  1. me lo paso en grande leyendo los comentarios que haces en facebook de tu nueva, y loca, vida turca. solo me faltaba que le dedicaras un blog!! me he reído mucho con tu visión sobre el videoarte de tus compañeros. un abrazo!!

  2. Ah colló! Xè quin gust! La veritat és que cada cultura és única i sorprenent. I sobretot, que tot no és o BLANC o NEGRE. Jejejeje. Per cert, t’agregue a la meua llista de blogs.

    Ale, sort amb els exàmens! 🙂

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