Sin ganas de empezar y perdiendo todo el respeto a esto

No quería volver pero tampoco quería irme. Decía que no quería volver a España porque comenzaba a estar a gusto en Turquía, comenzaba a disfrutar de la situación y pensaba que volver era poner un paréntesis absurdo en el camino. Pero volví y comprendí que en España se vive mejor que en ningún sitio, que todo da asco, pero al menos lo entiendes. En Turquía creo que me había acostumbrado a malvivir, me adapté a la mala vida, a que me cortaran el agua cuando les viniera en gana, a la suciedad extrema en la cocina, a la convivencia con gente que no entiendes, a que duerma gente en mi cama sin permiso, a esa cabezonería turca e insistente, a sortear a todos esos que tratan de engañarte con ofertas, a los que te ofrecen un taxi sin pedirlo, a dar la documentación cada vez que entro en la universidad, a los tíos con metralleta que están en el edificio militar de al lado de casa, a la gente que te manda callar porque gritas en el servicio de una discoteca, a las mujeres con velo, a los cantos de las mezquitas cinco veces al día, a poner mi vida en riesgo cada vez que cruzo la calle, a las calles repletas de basura a las diez de la noche porque no existen contenedores, a que SIEMPRE me hablaran de fútbol cuando les decía que era español, a las calzadas de la calle destruidas, a la increíble burocracia turca que es cien mil veces más lenta que la española (y ya es decir), a los turcos pesados, a la falta de criterio absoluto en lo que a diseño gráfico se refiere, a las comic sans por doquier…

Vuelves a España después de un tiempo estando fuera y no quieres volver a irte. Todo es típicamente cotidiano pero único. Ves con ojos extranjeros lo que hay en tu propia tierra y eso no tiene precio.

Ayer llegué de nuevo a Turquía. Mi compañero turco, después de las preceptivas felicitaciones, me pregunta cómo se dice la palabra en español mimitos, para concretar especifica: cuando una chica no quiere follar y tratas de convencerla, ¿qué se hace para convencerla? ¿darle mimitos? Y yo… sí.

El otro compañero turco, que no habla español, lo único que me ha dicho es que está borracho y necesita dormir.

El compañero argentino me dice que está triste. Cuando le pregunto por qué me dice que tiene ganas de coger, que no es nada, que eso se soluciona con una paja.

La cocina estaba destrozada. Las puertas de los armarios reventadas. La cocina era nueva y miedo me da preguntar qué ha pasado. Todo el destrozo parece provocado por un borracho inconsciente que ha comenzado a dar puñetazos y patadas a todo lo que ha visto. La casa estaba llena de botellas de alcohol vacías. La encimera de la cocina sucia, como siempre, aunque yo la dejé sucia al irme, todo hay que decirlo.

Lo peor es que ya no necesito tiempo de adaptación, he estado prácticamente un mes fuera y vuelvo como si me hubiese ido ayer. Nunca pensé que podía adaptarme tan rápido a esto. Lo que más me sorprende de toda esta experiencia es la capacidad de adaptación que he tenido. Uno se puede acostumbrar a cualquier cosa, por difícil que parezca.

Tan sólo espero una cosa después de esta nueva etapa… quiero escribir más.

Y algún día hablaré de los Erasmus, esa especie en peligro de expansión cuyos únicos objetivos son los de beber y follar. Y parece que hay que hacerlo porque sí, porque está así escrito, porque es un deber, porque si no carece de sentido la experiencia Erasmus. Si existiera una escala de valores y una clasificación de las almas de la gente podría decir que todos los Erasmus son el eslabón más bajo y más empobrecido de la raza humana y que lo mínimo que merecen es una muerte lenta y dolorosa. Todos ellos acompañados por los turcos, y por su pasión turca tan famosa, pero que en realidad es una cabezonería extrema, una insistencia agobiante, y una atrofiedad mental que me hacen pensar en muchísimas ocasiones que tienen un coeficiente intelectual infinitamente inferior al del resto de la humanidad. Las ideas más nazis de mi ser afloran cada vez que alguno me demuestra que se comporta como un subhumano. Turquía quiere meterse en la unión Europea, pero yo hasta ahora no he visto todavía ningúna razón sólida para que lo hagan y es más, lo único que veo son motivos para que no lo hagan. Algún día profundizaré más en el tema, pero es como una sociedad que va de avanzada pero que todavía no ha atravesado la época del destape. Necesitan una revolución sexual y mental mayor para conseguir ser una nación candidata. Hay represión, y los militares contribuyen a ello, los cuales todavía ejercen un poder desmesurado en un país que presume de ser una democracia avanzada en un país islámico.

Las cabras siempre tiran pa´l monte.
Me enamoré, me desenamoré. Amor y odio siento por esto. Lo que sé es que le he perdido el respeto. Y eso lo vais a notar porque en realidad no tengo ganas de estar aquí, lo cual puede ser mucho más divertido.

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2 comentarios

  1. y cada día habrá, al menos, tres o cuatro historias surrealistas por las que siempre pregunto.

    feliz resignación!

  2. Amina Koyum!
    Aneme sickiim!

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