Burocracia

En realidad todo me da igual. Hoy un profesor nos ha estado puteando porque quería suspendernos una asignatura por no haber ido a la presentación de las ideas de lo que iba a ser el futuro proyecto. Que ni siquiera era un proyecto, sino dar la idea. No acudimos a la cita porque nos lo dijo un día antes, nos fuimos de fiesta, y al día siguiente pasamos de ir porque pensabamos dárselo otro día. Al parecer esa presentación tenía mucha importancia y se hacía el ofendido, como que le habíamos fallado, como que eso no lo podíamos hacer en el mundo laboral, como que no es serio, que lo normal era que nos suspendieran. La cuestión es que él nos hace que nos lo tomemos en serio cuando en realidad ni él se lo toma en serio, ni siquiera estamos en la televisión real. Sus aires de prepotencia me daban asco. Era un trabajo en grupo y no tenía ganas de gritar para no perjudicar, pero de no haber sido así ya le hubiese insultado y le hubiese roto alguno de los objetos que tenía encima de la mesa contra el suelo, por gilipollas.

Al final hemos negociado con todos los profesores para que nos dieran una oportunidad, mendigando como gilipollas, arrastrándonos. Yo hubiese empleado el método de la fuerza, haber convertido eso en un problema de estado, haber llamado a la universidad, que los amenazaran en nuestro nombre de que si nos suspendían dejarían de mandar alumnos españoles a su universidad y suspenderían a todos los turcos, la rabia me invadía. Ahora mismo soy un suicida académico en Turquía. Me importa una mierda todo. No me importan los créditos, pero hay gente a la que sí que les importa y no voy a ponerles en apuros a ellos. Pero yo tenía ganas de enseñarles quién es Don Quijote y a quién es capaz de enfrentarse sin ningún miedo.

Luego hablé con los compañeros recordando las vacaciones en España. Me dijeron algo que me causó mucha gracia. Cuando salimos de fiesta allí después de habernos bebido hasta el agua de los floreros fuimos a una discoteca y vi que una compañera estaba detrás de la barra. Le pedí chupitos y no me los cobraba, como buena compañera. Pues bien, hoy me dijeron que en realidad no trabajaba allí, que lo que hizo fue meterse detrás de la barra por la cara y a servirnos copas sin más, sin que nadie le dijera nada. Aquella noche fue memorable. Otro amigo robó una botella de ron de esa misma discoteca y andaba llenándonos los vasos a todos con todo descaro.

Y es que eso de robar botellas es algo muy español. Recuerdo que en el viaje a Estambul hicieron una fiesta de todos los Erasmus que hay en Turquía. Allí nos reunimos ciento y la madre. Cuando llegué a la barra de aquella estación de tren reconvertida en discoteca había un tipo a mi lado que al verme me dijo: ¿Tú eres español verdad? Y yo le dije que sí. Yo también, me dijo, así que haz una cosa, marea al camarero y yo le robo una botella ¿vale? Y acto seguido comencé a hablarle al camarero pidiendole que me sirviera una copa gratis porque tal y cual y pascual y mientras mi nuevo amigo cogió la botella de la barra y se la llevó. Y es que entre seres de la misma magnitud espiritual siempre hay un contacto afín en el que sobran las palabras.

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Una respuesta

  1. “…e incluso acusar a alguien de algún abuso sexual”
    jaja!

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