Archive for 16 febrero 2010

Estoy en India
febrero 16, 2010

Tan solo escribo para decir que ya estoy en la India. He visitado Delhi, Agra, Matura y ahora estoy en Benares. No tengo tiempo de extenderme mucho. Pero al final fui solo y sin rumbo. Gracias a dios tengo la lonely planet en mis manos, que me esta salvando de mucho.

Todavia no tengo un rumbo, pero es posible que vaya a calcuta y a Budhalla o como se escriba. Luego quiero visitar algunas zonas de Rajastan.

Tan solo decir que viajar solo es una experiencia inolvidable. Me siento completamente libre y estoy conociendo a muchas personas. Y lo mejor es que me salgo de los circuitos turisticos y voy a donde me place. He recorrido un poblado muy pobre, he hablado con los ninyos y ha sido muy divertido.

Os mantendre informados al menos de mi itinerario.

Hasta pronto.

Pongo rumbo al himalaya

Islam
febrero 4, 2010

Puede sonar a chiste, a delirio o a tomadura de pelo. Puede que no me toméis en serio o puede que me toméis por loco. Pero tengo la absoluta convicción de que en otra vida fui musulmán.

Es la única explicación que puedo dar al porqué cada vez que escucho el canto de una mezquita se me ponen los pelos de punta. La primera vez que escuché el canto estando cerca de la mezquita experimenté una sensación abrumadora, la voz recorre todas las calles y no sabes de dónde procede exactamente. El canto me atraía de una forma hechizadora hacia la mezquita. Y cada vez que escucho el canto y estoy cerca de una me acerco movido por un impulso casi instintivo para escuchar plenamente el cántico. Suelen ser versos del Corán interpretados como si fueran bulerías. Pero con un estilo turco propio que hace que identifiques el cántico como “moro”. Pero el sentimiento que ponen tanto en el flamenco como en el Salat (así se llaman los rezos) tienen mucho que ver.

El poder que esta oración ejerce en mí es tan grande que muchas veces se me empañan los ojos de lágrimas. Encuentro en la oración un cántico de amor puro. Los imanes, que vienen a ser los curas de las mezquitas, a veces cantan desde una habitación con ventana al exterior desde donde se les puede ver. Yo me quedo embobado mirándolos. Y es algo completamente irracional, pero siento como si mi espíritu quisiera acercarse a eso, y cuando lloro no soy yo el que llora, es como alguien que está dentro de mí recordando algo que vivió en su vida pasada. Como si mi espíritu llorase a través de mí y no fuera yo el que verdaderamente llora.

Sinceramente, esto puede sonar a locura. Pero pocas veces siento esa embriaguez que me llena escuchando los cánticos. Sólo me emociono de la misma forma cuando, a veces, mirando las estrellas adquiero total lucidez de lo pequeños que somos. Pero no me vale con mirar las estrellas y decirlo, sino que lo asumo, lo veo claramente, lo siento, y noto que formo parte del gran cosmos, y es cuando se me saltan las lágrimas, porque veo lo que realmente soy.

Hace poco, viajando en tren desde Ankara a Eskisehir. Un viejecito se sentó a mi lado. Era muy amable, y aunque no nos entendíamos fue muy cordial con sus gestos y su simpatía cuando le dije que no entendía turco. Yo saqué un libro para disponerme a leer durante el trayecto, pero de pronto el viejecito se puso a rezar. Se llevó las manos a la cara, se inclinaba, y decía cosas de las que no entendía ni una sola palabra. Pero eso sí, sus palabras me transmitieron una paz absoluta. Dejé mi libro y cerré los ojos como si fuera a dormir y me centré en esa voz del viejecito rezando. Sus palabras estaban llenas de amor, y aunque no lo entendía conseguía transmitirme toda la devoción y amor que tenía en su rezo. Se notaban en sus palabras pura pasión y paz, no lo puedo describir de otro modo. Yo extrañamente me sentí lleno de paz con esas palabras, quizás porque mi espíritu, ese que en otra vida fue musulman, sí que entendía lo que decía. Mi yo consciente no entendía nada. Pero éramos como tres personas allí: Yo, mi espíritu y el viejecito amable. Entre ellos dos se comunicaban y mi yo recibía las sensaciones sin más y sin entender nada. Me quedé tranquilo, en paz, y completamente lleno cuando el viejo terminó de rezar. Consiguió transmitirme todo lo que él sentía y experimenté un momento realmente fantástico y emotivo. Por lo cual, la única explicación que puedo dar a esto es que yo fui en otra vida musulman y que mi cuerpo está experimentado flashbacks de sus otras vidas cuando alguien reza. De lo contrario no puedo entender por qué cuando algún musulman reza siento todo eso. De hecho pienso que el islam es una religión tan detestable como la cristiana, pero vete tú a saber por qué me pasa esto. En ese momento quería pedirle que me enseñara a rezar algunos versos. Con eso lo digo todo.

Yo, Fredy, el tío que más ha criticado la religión. El que la ha detestado desde siempre. Ese que si pudiera se cargaría todas las religiones del planeta de un plumazo. Llegué a pensar que la religiosidad (que no la religión) era algo precioso.

Pd: Está confirmado: Me voy a India y Nepal. Tengo los billetes y el visado. Lo que no tengo son las vacunas recomendables. No hay obligarioas. pero creo que voy a pasar olímpicamente de las vacunas. Que les den.

Ankara, ciudad de la tristeza
febrero 3, 2010

Hoy fui a Ankara de nuevo. Es la segunda vez que voy y sólo por puro trámite. Toda la gente que ha visitado la ciudad recomienda que no la visitemos, porque no hay nada que ver.

Pese a ser la capital de Turquía carece de belleza y de contenido. La sensación que me ha dado es que es una ciudad gris. Los pasillos de la estación de tren parecían estar sacados de una película de James Bond en la Unión Soviética. Carece de color y de todo el brillo que tiene Estambul. Se dice que es una ciudad administrativa y se nota. La gente va bien vestida, no se ven colores en las ropas. Todos andaban muy serios y se respiraba una profunda tristeza. Una rutina asflixiante por una parte por el frío y por otra por una presencia militar que se respira constantemente.

Si llegas en tren a Ankara lo primero que verás en el pasillo hacia la salida es una serie de tiendas de ropa militar, de tiendas para hacerse fotos para el servicio militar, uniformados, y de todo el merchandising patriótico en el sentido despectivo de la palabra.

Los autobuses son viejos y feos. La gente que asoma en las ventanas parece realmente amargada. En la principal avenida de Ankara, Ataturk bullebar, está lleno de policías y militares en las puertas de los edificios oficiales.

He visto pasar un coche oficial, iría algún ministro o algún general, y en las esquinas de las calles había gente del servicio de seguridad, con su pinganillo, vigilando la calle.

Al entrar en el metro un policía me ha pedido la documentación con muy mala gana. Son como guardiaciviles pero que encima no follan. Le he dado mi librito de permiso de residencia extendiendo la mano, y sin cogerlo me ha dicho “tamam”. Y no ha hecho falta más. Ni ha mirado lo de dentro.

Lo único que hay que ver en Ankara es el mausoleo de Ataturk. Un lugar de peregrinaje para los turcos pero de escaso o nulo interés para los turistas que desconocen su figura y si lo conocieran tendría menos interés todavía. Pero a Ataturk le dedicaré otro artículo más adelante, porque ahora no quiero que me expulsen del país por decir lo que pienso.

Mi recomendación es clara: si no tenéis que ir a Ankara para haceros algún visado en alguna embajada o algo similar, no vayáis nunca. La capital de Turquía debería ser Estambul, pero el Dios Ataturk dijo que fuera Ankara porque cuando luchaban contra el ejercito otomano Estambul no estaba tomada todavía y decidieron poner la capital en Ankara. Luego recuperaron Estambul pero no cambiaron la capital y siguió quedándose en Ankara. Lo cual es un despropósito administrativo, turístico y sin sentido.