Ankara, ciudad de la tristeza

Hoy fui a Ankara de nuevo. Es la segunda vez que voy y sólo por puro trámite. Toda la gente que ha visitado la ciudad recomienda que no la visitemos, porque no hay nada que ver.

Pese a ser la capital de Turquía carece de belleza y de contenido. La sensación que me ha dado es que es una ciudad gris. Los pasillos de la estación de tren parecían estar sacados de una película de James Bond en la Unión Soviética. Carece de color y de todo el brillo que tiene Estambul. Se dice que es una ciudad administrativa y se nota. La gente va bien vestida, no se ven colores en las ropas. Todos andaban muy serios y se respiraba una profunda tristeza. Una rutina asflixiante por una parte por el frío y por otra por una presencia militar que se respira constantemente.

Si llegas en tren a Ankara lo primero que verás en el pasillo hacia la salida es una serie de tiendas de ropa militar, de tiendas para hacerse fotos para el servicio militar, uniformados, y de todo el merchandising patriótico en el sentido despectivo de la palabra.

Los autobuses son viejos y feos. La gente que asoma en las ventanas parece realmente amargada. En la principal avenida de Ankara, Ataturk bullebar, está lleno de policías y militares en las puertas de los edificios oficiales.

He visto pasar un coche oficial, iría algún ministro o algún general, y en las esquinas de las calles había gente del servicio de seguridad, con su pinganillo, vigilando la calle.

Al entrar en el metro un policía me ha pedido la documentación con muy mala gana. Son como guardiaciviles pero que encima no follan. Le he dado mi librito de permiso de residencia extendiendo la mano, y sin cogerlo me ha dicho “tamam”. Y no ha hecho falta más. Ni ha mirado lo de dentro.

Lo único que hay que ver en Ankara es el mausoleo de Ataturk. Un lugar de peregrinaje para los turcos pero de escaso o nulo interés para los turistas que desconocen su figura y si lo conocieran tendría menos interés todavía. Pero a Ataturk le dedicaré otro artículo más adelante, porque ahora no quiero que me expulsen del país por decir lo que pienso.

Mi recomendación es clara: si no tenéis que ir a Ankara para haceros algún visado en alguna embajada o algo similar, no vayáis nunca. La capital de Turquía debería ser Estambul, pero el Dios Ataturk dijo que fuera Ankara porque cuando luchaban contra el ejercito otomano Estambul no estaba tomada todavía y decidieron poner la capital en Ankara. Luego recuperaron Estambul pero no cambiaron la capital y siguió quedándose en Ankara. Lo cual es un despropósito administrativo, turístico y sin sentido.

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3 comentarios

  1. Me gusta.

  2. Joe macho, no me digas eso que yo me voy de erasmus el año que viene a Ankara, eso si no la rechazo XDDD

    tus comentarios en este blog van a influenciar mucho en mi, que lo sepas 😛

    Saludos

  3. Ankara merece la pena, la gente de alli es muy agradable, ya veras como disfrutas de tu erasmus!

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