Diario de India. Capítulo 1. Camina.

Tenia miedo y muchas dudas. No sabía si emprender el viaje. Mis amigos se fueron a Tailandia pero yo no quise ir. El viaje se escapaba de mi presupuesto y viajaban treinta personas juntas, lo cual me echaba para atrás. Cuando éramos diez personas ya era imposible desplazarse sin acabar de los nervios esperando a otros o discutiendo el itinerario. Ni me lo planteé. Quedé con otros dos amigos para ir a la India, pero finalmente, tras un primer intento infructuoso de sacarnos el visado en Ankara, decidieron desistir y cambiar su destino rumbo a Malasia. El viaje era más caro que el de Tailandia y tampoco me planteé ir. Tenía dos opciones, quedarme en Turquía solo o viajar a la India solo. Tras pensarlo mucho compré el billete con muchas dudas.

En ese momento acababa de leer El camino del corazón de Fernando Sánchez Dragó. Conseguí el libro en Navidad cuando volví a España. Me lo compré porque vi en la contraportada que trataba de un viaje que pasaba por Turquía y me interesaba saber qué pensaba Dragó del país que ahora habito. Lo que me encontré es un libro en el que apenas hablaba de Turquía y que se recreaba muchísimo en la India y Nepal. Desde siempre me atrajeron ambos destinos, influido, entre otras cosas, por el sabor oriental que tenían algunos de los discos de mi grupo favorito: Héroes del Silencio, en cuyos discos se hablaba de oriente, India y Nepal. Para mi sorpresa descubrí que el disco de Héroes del Silencio del Espíritu del vino estaba profundamente influenciado por este libro. Bunbury copió frases literales del libro para ponerlas en muchas de sus letras, sobre todo en las canciones de “Los placeres de la pobreza” y “Bendecida”. En los placeres de la pobreza aparecen frases como “masturbación de interrogantes” que en su día me pareció una ocurrencia muy buena de Bunbury, pero no era más que una frase que Dragó escribió en su libro. En la otra canción, Bendecida, comienza diciendo “Si la primera mirada es la que vale”, es una alusión también al libro, cuando Dionisio llega a una ciudad turca y allí un nativo le pregunta qué sentía al ver la mezquita, porque la mirada del extranjero es nueva, y su padre le enseñó que la primera mirada siempre es la que vale. Lo sorprendente, a medida que leía el libro, fue descubrir que la canción de “los placeres de la pobreza” estába absolutamente compuesta con frases sueltas del libro. Para mí fue como descubrir la unión entre dos personajes a los que admiraba, aunque no sean santo de mi devoción porque difiero con ellos en muchísimas cosas.

Era como un triángulo perfecto entre Bunbury, Dragó y yo, en el que estaba la India en el medio. No me quedaba más remedio que emprender el viaje. Había una conexión en todo. Comencé a creer que el destino quería que viajase solo. Nunca antes lo había hecho, aunque tenía muchas ganas. Aunque todo lo que leía acerca de la India era aterrador. Algunos viajeros volvían encantados y otros aterrizaban y al ver el percal volvían el mismo día que llegaban. Leí muchos intentos de estafas, viajeros que habían sido narcotizados para robarles en estaciones de trenes, gente que había sufrido mucho en el viaje, e incluso casos en los que envenenaban a turistas para llevarlos a un hospital cercano privado bastante caro y sacarles el dinero.

Además todo el mundo me decía que estaba loco si pensaba irme solo. Poca gente me lo recomendaba. Los que fueron a India me dijeron que no tendría ningún problema, pero que sería duro. Los que nunca han estado me decían que no fuera ni loco. Yo ya tenía el billete y no tenía posibilidad de anularlo. Lo compré una semana antes sin saber bien dónde me metía y sin saber qué lugares iba a visitar.

Necesitaba el consejo de alguien. Necesitaba que alguien me dijera que no estaba loco. Necesitaba que alguien me dijera que fuera valiente, que saliera adelante, que viajara. Tan sólo necesitaba un empujoncito para ir sin ninguna duda. Así que no se me ocurrió nada mejor que escribir a Dionisio, o mejor dicho: a Fernando Sánchez Dragó, pidiéndole un consejo porque iba a emprender mi particular camino del corazón. Quería saber qué pensaba. Le escribí sin muchas esperanzas de que contestara, siendo consciente de que recibiría muchas cartas y mails al día, y que no tendría tiempo ni de leerlos y mucho menos contestarlos.

Pasó una semana y no recibí ninguna respuesta. Yo ya tenía todo preparado para irme. Quise llevarme el mínimo de equipaje posible. Sólo cogí tres pantalones, tres camisetas, y 10 prendas de ropa interior, un pequeño diccionario de inglés de bolsillo (que sólo lo utilicé una vez para buscar una palabra, por lo tanto jamás me vuelvo a llevar un pequeño diccionario a un viaje, es un peso inútil), un chubasquero que tampoco utilicé, un saco de dormir que ocupaba muy poco por si tenía que dormir alguna noche a la intemperie o en algún tren, el cargador de móvil, el teléfono, la cartera y el pasaporte. Nada más. Ni reproductor de música, ni libro que leer, ni nada. Quería ahorrar trabajo a mi espalda, aunque luego, durante las largas horas de viaje, en algunos desplazamientos de más de 20 horas eché en falta algún libro o un reproductor de música, pero tenía una libreta y tan sólo me dediqué a escribir lo que sentía. Lo cual fue mucho más productivo.

Antes de salir de Eskisehir rumbo a Estambul consulté el correo por última vez, y vi un mail de Fernando Sánchez Dragó que decía así:

Ya nada es como entonces. El turismo lo ha matado todo. Viajar es imposible. Sólo encontrarás borregos con mochila y nativos que te verán como una bolsa de dólares con patas y harán todo lo posible por extraértelos. ¿Quieres un consejo? Camina.

Dragó

El mismo Dionisio al que había estado leyendo me aconsejaba sobre la aventura que iba a emprender y que se parecía demasiado a la que él ya vivió. Sentí que la novela que había leído todavía no se había terminado. Ahora Dionisio me pasaba el testigo para que yo la continuara y la viviera. El personaje se transformaba en persona y el lector se convertía en el personaje protagonista.

Por un lado me sentí un poco mal: yo era uno de esos borregos con mochila que mencionaba.

Pero seguí su consejo y comencé a caminar.

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5 comentarios

  1. Seguiré con mucha atención este Diario de India. Sigue Fede, sigue, sigue, camina, camina…

  2. Bien hecho amigo! Un fuerte abrazo.

  3. Hola Fede, entonces ¿mereció la pena la experiencia a pesar de la advertencia de Dragó? Bueno, el hecho de que estés sano demuestra que la gente exagera mucho (la que no ha ido) porque está influenciada por los medios.

  4. gracias por regalarnos tus escritos!! estoy enganchada a tu blog…. sigue maravillándome!!

  5. Maravilloso

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