Capítulo 4. Siddharta. Diario de India.

Eran las seis de la mañana y estaba amaneciendo en Agra. A penas había dormido cuatro horas. La intención era la de ver amanecer en el Taj-Mahal y el despertador ya estaba emitiendo su sonido infernal. No sé si fue por las circunstancias o porque le concedí a mi cuerpo el descanso que necesitaba, pero amanecí sin cansancio alguno, ligero como una rosa. La noche anterior me acosté con dolor de cabeza tras el viaje. En el tren había un militar (el que aparece al final del video cogiendo el teléfono) que estuvo dándome el coñazo durante todo el trayecto diciéndome que él velaba por mi seguridad, que si tenía algún problema en India él estaría ahí para defenderme. Llegué a preguntarle si llevaba la pistola encima, pero el Entrenador Personal me dijo que me callase, que no fuera cosa que sacase la pistola y la acabásemos de liar. Para amenizarme el trayecto el militar me enseñó todos sus videos porno del teléfono y todas las fotografías de mujeres occidentales desnudas, como tratando de impresionarme. Yo le dije que era un pajero y se ofendió, me dijo que me callase, que había mujeres delante.

Por la noche cenamos en un restaurante de Agra absolutamente demencial. Ver cómo cocinan los indios es lo peor que puedes hacer si no quieres vomitar. Las moscas pululan entre la comida, la suciedad lo envuelve todo, los indios cogen todo con las manos y muchas veces cocinan en el suelo lleno de mierda. Da la impresión de que las sartenes no las han limpiado en al menos treinta años y el aceite no lo han cambiado nunca. Aún así, el único consuelo que queda al ver todo eso es pensar que si cientos de indios van a comer allí y no les pasa nada a ti tampoco tiene por qué ocurrite nada. Aunque tu metabolismo está definido de otra forma, uno siempre debe tener cuidado y tomar precauciones como beber y lavarse los dientes con agua mineral. Pero también hay que quitar todas las gotas de agua que queden en los vasos recién fregados. De todos modos, es imposible cuidarse al cien por cien porque toda la comida que comes la pasan por el agua infecta. En cualquier momento la maldita bacteria de la diarrea puede entrar en tu cuerpo.

Salimos muy temprano del hotel. Conseguimos un precio razonable y la habitación tenía televisor. Lo cual era completamente inútil porque no se entendía nada. Pero era curioso ver que por las noches televisaban clases de yoga en directo para gente insomne.

Llegamos al Taj-Mahal en un coche eléctrico. Los coches con gasolina no se pueden acercar a más de quinientos metros para intentar proteger el monumento de la erosión medioambiental. Sobre el Taj Mahal se ha escrito mucho. Yo no voy a repetir lo que ya han dicho millones de viajeros anteriormente. Podéis encontrar mucha información al respecto en internet. Yo sólo diré una cosa: Es, probablemente, el monumento más espectacular que he visto en mi vida. La ejecución, harmonía, la grandiosidad. El hecho de encontrar una joya así en medio de una ciudad de más de un millón de habitantes que viven en la absoluta miseria es un auténtico milagro. Pero lo que más impresiona es que es un monumento fúnebre. Un canto al amor perdido. El llanto de un emperador que nunca superó la muerte de su esposa y que vivió recluido toda su vida en el fuerte de Agra, cerca del Taj-Mahal, cuando su hijo le arrebató el poder. Desde la ventana de su cárcel de oro pudo ver hasta el fin de sus días la lágrima más bella que se derramó jamás por un amor perdido fatídicamente.

Taj Mahal, probablemente el monumento más impresionante que he visto en mi vida

Cuenta la leyenda que en la otra ribera del río Yamuna, en el lado opuesto del Taj Mahal, el emperador Sha Yahan quería construir una replica del Taj Mahal en negro para su propia tumba. Fue uno de los motivos por los que fue derrocado, ya que el imperio mongol no podía permitirse esos opulentos proyectos.

Yo en el Taj Mahal

Y justo en ese lugar donde debía estar el negativo del Taj Mahal fue a donde nos dirigimos por la tarde. Cogimos un autorickshaw y nos dirigimos a la otra orilla del Yamuna donde hay un parque. El taxista nos dijo que nos cobraría 50 rupias y en la mitad de camino nos dijo que si no entrábamos en una tienda nos cobraría 20 rupias más. Los taxistas tienen comisiones con las tiendas y si llevan a turistas se llevan un tanto por cien de beneficio. Protestamos mucho, no queríamos pagar 20 rupias más. Accedimos a ver la tienda con la absoluta intención de no comprar nada. Vimos la tienda y salimos enseguida sin comprar. El taxista nos dijo que debíamos estar al menos 15 minutos en la tienda o nos cobraría más. Entramos de nuevo y nos pusimos a jugar al ajedrez en un tablero de mármol que había en la tienda. Todo sea por ratear cincuenta céntimos de euro. El de la tienda nos echó. Dijo que tenía que cerrar, pero era mentira, simplemente vio que estábamos haciendo tiempo para no comprar nada. Al llegar al destino el Entrenador Personal le dio 30 rupias.

– No, os he dicho que son 50 rupias y si no entrabais en la tienda eran 70.
– Pero es que hemos entrado en la tienda. Por lo tanto ahora son 30 rupias.
– No, no, dame 20 rupias más.
– Venga amigo, adiós.

El Entrenador Personal le dio unas palmaditas en la espalda y el taxita siguió protestando. Me dijo “vamos” y fuimos hacia el parque escuchando los gritos del taxista a nuestra espalda. El Entrenador Personal se giró y le gritó.

– ¡Qué no te pienso pagar más! ¡Qué te calles pesado!

En el parque nos hicimos las fotos de rigor, ya que por la mañana la niebla había impedido que las hiciéramos como dios manda.

Era la última tarde que el Entrenador Personal y yo estaríamos juntos. Él partía esa misma noche hacia el sur a su cursillo de masajista. Fue cuando me propuso una idea brillante.

– ¿Qué tal si atravesamos el poblado a pie hasta el puente?

Cuando íbamos al parque de Mehtab Bagh atravesamos en el taxi un poblado muy pobre. Donde se respiraba la miseria en sus calles y estaba lleno de niños mugrientos.

– ¿No crees que será peligroso? – le pregunté dudando.
– Puede, pero… ¿Por qué vamos a hacer lo mismo que todos los turistas? – respondió.

Me acordé de Fernando Sánchez Dragó y su consejo: Camina.

Fernando Sánchez Dragó

Fernando Sánchez Dragó

– De acuerdo. Vamos a pie -contesté.

Fue el colofón. Atravesamos el barrio lleno de chabolas. En algunas incluso llegamos a entrar para cotillear ante la mirada atónita de los que estaban allí dentro. ¿Qué hacen estos extranjeros aquí? Se preguntaban con la mirada. Los niños no tardaron ni un minuto en acercarse cuando nos vieron. Todos nos pedían rupias. Les hice un montón de fotos. Saludé a todos. Jugué con ellos. Se reían. Los cogía, los levantaba. Nos perseguían. Algunos nos cogían de la camiseta. Me sorprendío que cuando me negaba a darles dinero me pedían otras cosas. Me pidieron champú, me preguntaron si tenía algún lápiz, alguna libreta o si tenía alguna chocolatina. En ese momento me invadió una profunda pena. Me hubiese gustado darle de todo a esos niños. Me hubiese despojado de todas mis pertenencias y se las hubiese dado sin importarme absolutamente nada. Hubiese hecho todo eso que Jesucristo le pidió que hiciera al joven rico que le preguntó cómo podía alcanzar la vida eterna, quise vender todos mis bienes y darlselo todo a los pobres. Estuve a punto de convertirme en misionero sin sentirme religioso. Estuve a punto de reservar mi plaza en el cielo. Estuve a punto de hacer que el camello pasara por el ojo de la aguja. De recibir el cien por uno en el reino de los cielos. Estuve a punto de convertirme en un cristiano sin estar seguro de la existencia de Dios. (Algún día os explicaré mi teoría de que yo soy más cristiano, en el sentido no religioso de la palabra, sino refiriéndome al personaje, que cualquier otro católico practicante). Estuve a punto, pero no lo hice… todavía.

Entrenador Personal jugando con un niño

Entrenador Personal jugando con un niño

La experiencia fue inolvidable. Me sentí pleno. Sentí la absoluta felicidad de atravesar un lugar por el que ningún turista va y de mezclarme con la gente. Se me quitó el miedo a lo desconocido. Fui el Siddharta que sale del palacio y ve la miseria por primera vez en su vida. Vi la realidad con mis propios ojos. Me metí de lleno en el cogollo de la miseria. Fui feliz al ver que, simplemente, podía hacerlo.

Niños que estaban cagando cuando nos vieron

Niños que estaban cagando cuando nos vieron

Niño que se encontraba en el barrio pobre que atravesamos

Niño que se encontraba en el barrio pobre que atravesamos

Llegamos a la estación de tren. El Entrenador Personal se despidió de mí rápidamente. Cogió el tren que le llevaría a Delhí. Fue una despedida rápida. Una despedida de viajeros, corta, como debe ser. Y cada uno emprendió de nuevo su propio camino.

Yo estuve mirando la Lonely planet. Necesitaba alejarme un poco del caos. Quise ir a un lugar recóndito y poco conocido por la fauna de los turistas. Decidí ir hasta la ciudad de Mathura. Había leído sobre esa ciudad antes de ir a la India.

Hice unas colas interminables en la estación de tren. Allí descubrí muy decepcionado que los indios no sabían hacer una fila india. En las colas se imponía la ley del más fuerte. Los codos son tu herramienta más útil para deshacerte del que está intentando colarse por detrás. Continuamente hay peleas cerca de las ventanillas. Es todo un auténtico caos. Me mandaron de una ventana a otra, allí nadie entendía lo que estaba diciendo y se lo tomaban todo con una calma sólo propia de India. Finalmente conseguí comprar mi billete de tren a Mathura no sé muy bien cómo.

Mathura es un lugar de peregrinaje para los indios. Se dice que es una ciudad sagrada en la que nació el dios Krisna.

Dios incomprensiblemente azul. Krisna. Está por todas partes.

Yo ya me sentía un dios. Estaba radiante y feliz con esa sensación de adentrarme en lo desconocido por mi propio pie. Tenía la sensación de haber estado en la India durante años. Estaba encantado de la vida.

Llevaba la mochila a mis espaldas con todas mis pertenencias. Pero dentro de mí llevaba algo mucho más importante, una fuerza y unas ganas de aventura que era impropia de mí. Me estaba descubriendo a mí mismo. En ese momento era un auténtico Don Quijote.

Miraba a través de la ventana del tren las luces de Agra. Estaba rodeado de indios que me miraban como si fuera un auténtico marciano. Cuando les miraba apartaban su mirada de mí. El ruido de la locomotora del tren me inspiraba sentimiento de aventura. Me sentía sucio, pero en ese mismo momento era Harrison Ford lleno de mierda en el papel de Indiana Jones. El explorador solitario que perdió la brújula y el mapa.

Miré de nuevo a las luces de Agra como despidiéndome de la ciudad.

¿Qué me esperaría en la ciudad de Krisna?

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5 comentarios

  1. La canción de Miguel Bosé ” estuve a punto de “… ha sido todo un éxito aquí en Iberia.
    Ya veo que a tí, también te gusta este gran artista.

  2. En 6 dias me voy a la India, y, al igual q tu, sin tener nada preparado, y me ha encantado leer todo lo q has puesto!
    Cuando publicarás el capitulo 5?? Me apetece mucho leerlo, me gustan mucho tus reflexiones ;)!
    Saludos!!

  3. ¿Y que sucedión en la ciudad de Krisna?….Ya han pasado 4 meses…

  4. No sé si estarás leyendo esto, no sé si aún entrarás en esta página o habrás abierto otra. No te conozco, ni tú a mí, pero me siento tan tan tan identificado contigo, con esas ansias de ver la realidad del mundo, por esa incomodidad enquistada de que el mundo está mal, de que la gente sólo se mueve por sus intereses, por el dinero y por una sociedad desigual. Ese amor por el viaje, esos ojos que ven las cosas tal y como son, esas emociones que solo se descubren al vivir en tu propia piel experiencias como esa. Y que toda tu vida, en un momento dado, se apague y se quede en la monotonía, de que todo pase a formar un segundo plano y la vida sea tan desastrosa como inchoerente. Y luchar por tus sueños, y por encontrar un sentido a algo, por tener personalidad propia y quedarte quieto en cualquier parte pensando por qué coño la gente es tan hipócrita y yo me mato por sacrificarme por cosas que a los demás les dan igual. Que más da, solo importa el dinero, la “belleza” y la oportunidad de ser reconocido.
    Verás, no sé como explicártelo, pero llevo mucho sintiendo que no encaja aquí, que algo dentro de mí no se parece a lo que veo, que necesito ser yo y necesito vivir. Pero vivir la vida, y no en noches locas sin sentido, en diálogos falsos y de compromiso, en sonrisas derrochadoras de mentiras y de citas que no llevan más que a temas banales, que igual algún día los necesitas para decirte a ti mismo: Aún suelto palabras por la boca, pero nada más. Estoy harto de ver como se destruye el mundo, como dan ganas de vomitar encima de todos y de que yo siempre sea el extraño. Pero quiero ser el extraño antes que incorporarme en una red de imbéciles.

    Seguramente no prestarás atención a este mensaje (o sí, no lo sé), pero quiero darte las gracias por darme la esperanza de que hay alguien con luz propia. Alguien de verdad.

    Por favor, escríbeme: sientollover@hotmail.com

  5. Y bien……. que ha ocurrido después de todo esto? porque no hay mas escritos de la vida en el quinto coño? 😦

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